Esa Sopita Verde
- Posted by Maria Isabel Mejía
- On July 23, 2014
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Esa Sopita Verde
Hola a todos: empezaremos esta sección del Blog, con algunas experiencias cuando, de pequeña, me enseñaron a comer de todo.
Una de las más difíciles tareas fué el aprender a tomarme, esa sopita verde, la Crema de Espinacas, muy sustanciosa y un nutriente maravilloso, pero que con solo verla me queria morir.
No podia comprender cómo una sopita, ahora llamada cremita, podia tener tal color, el color de la hierba, del pasto, de los potreros, el color de la gramilla de un estadio de futbol.
Yo veía el ganado pastar y comer esa grama en los potreros, también los caballos, los terneros y otros cuantos animales, pero no había visto ningún humano comer la grama. ¿Por qué me la tenía que comer yo?
Por más que mi madre me explicaba que la hierba no era lo mismo que la espinaca, yo no comprendía, pues indiscutiblemente, casi todo en la vida, entra primero por los ojos. Y mis ojos se rehusaban a aceptar esa sopita.
Lo intenté varias veces, se los puedo asegurar. Logré tomarla cerrando los ojos y tapandome la nariz cuando mi madre me daba la sopita cucharada por cucharada con resultados peores y ya se podrán imaginar por todo lo que pasaba cada vez.
A diferencia de las vacas que tienen varios estomagos y su digestión es muy lenta, yo, que todavia estaba muy chiquita pues tenía un estomago por lo tanto mucho mas chiquito, y en esa época yo que diablos iba a saber ni me importaba el número de estomagos que los rumiantes tienen.
Lo único que sabía era que tan pronto veía esa sopita verde y recibía la primera cucharada, algo en mi se cerraba y no habia manera de pasarla.
Era tal mi odio hacia aquella sopita que muchas veces me sentí la inspiración de Quino creando a Mafalda desde mis entrañas.
Desde ésa época hice de Mafalda la compañera inseparable en mi lucha contra Esa Sopita Verde.
La paciencia de mi madre era grande, pero lógicamente poco a poco se fué agotando. Cambiaba de estrategias y yo me resistia a todas ellas. El regaño, el castigo, muchas más, hasta que un buen día una nueva estrategia me aniquiló.
Tengo que confesar eso si, que no me servían esa sopita verde todos los días, ni siquiera una vez a la semana, pero esa fijación, no se borraba de mi mente.
Ese buen día en que mi madre cambió de estrategia, me sirvieron en la comida del medio día, la sopita. Me rehusé inclusive a mirarla, total indiferencia con mi cara y ojos mirando hacia otro lado.
Mi madre preguntó: ¿Te la vas a tomar? Rotundamente dije: “NO” más convencida que nunca. Esta bien, no hay problema y levantó la sopa de mi puesto en la mesa.
OHHHHH Gloria, Aleluya, por fín había ganado la batalla contra la sopita verde. Me sentía victoriosa, pero igualmente mi madre levantó todo mi puesto de la mesa. Me libré de comer ese medio dia. No sopita verde, aunque no hubiera nada mas.
A la hora de la cena ya tenía hambre. Con mucho apetito me senté en la mesa y……………..HORROR.
¿Se pueden imaginar ustedes con qué me encontré nuevamente? Si acertaron, con la misma Sopita Verde que también me negué a tomar. Igual escenario tuve al día siguiente a la hora del desayuno y peor todavia, pués mayor horror me causaba a esa hora. Desayuno muy liviano, nada de lo que me gustaba me sirvieron, pero con tal de comer algo hice esfuerzos pues otros alimentos que tampoco me gustaban los probé y logre pasar unas horas más.
La sopita verde que me torturaba seguía apareciendo ante mis ojos, también otra serie de alimentos que tampoco me deleitaban, pero poco a poco los fuí probando; iba introduciendo sin darme cuenta nuevas comidas a las cuales antes repudiaba. Pero la sopita verde, jamás. Me consideraba ganadora de batalla tras batalla.
Asi aprendí a comer de todo, tiempo despues ya la probé y no morí. Hoy por hoy, no tengo problemas con la alimentacion, soy un desastre culinario pues no he podido aprender a cocinar, pero sobrevivo a mis experimentos en la cocina.
Me levanto, preparo un batido verde, SI EL BATIDO ES VERDE, que no sólo lleva espinacas sino muchos ingredientes, algunos de ellos del mismo color de los potreros donde pasta el ganado y de la gramilla de los estadios de futbol.
Me detengo a pensar en los chic@s de hoy, la alimentacion que a veces reciben, los caprichos que les llevan y le doy gracias a mi madre ♥♥♥ por la enseñanza que me dió.
Obviamente también reconozco que ésta época moderna, más agitada y veloz, ha cambiado mucho los hábitos alimenticios de la población y me atrevería a decir que el mundo entero está en este proceso de cambio, sea bueno, regular o malo.
A veces pienso igualmente que algo de mí se ha quedado en el limbo. Ni soy de allá, ni soy de acá. Pues cuando yo era pequeña mandaban los grandes. La prueba está en esta historia que les he narrado. Y, ahora que estoy grande mandan los pequeños. Limbo, no es asi?
Gracias,
Maria Isabel Mejia Palacio

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