Aparatos Electrónicos e Inteligentes
- Posted by Maria Isabel Mejía
- On August 5, 2014
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- Humor
Aparatos Electrónicos e Inteligentes
Por: María Isabel Mejía Palacio
Phoenix, Arizona. 4 de Agosto del 2014

Como me encuentro viajando, estoy en este momento en un Hotel de Phoenix, protegiéndome de una temperatura cercana a los 40°.
Por lo tanto, decidí ponerme a escribir este artículo que cada rato me llega a la cabeza.
¿A quien no le ha pasado, que en estos tiempos modernos todos aquellos aparaticos electrónicos que se han vuelto indispensables en nuestras vidas, terminan siendo más inteligentes que nosotros?
Por algo los llaman: televisor inteligente, celular inteligente, computador inteligente, etc, etc, etc.
A mí, muchísimas veces me enloquecen. Me producen un complejo de imbecilidad a veces apabullante y por lo tanto de inferioridad ante esos aparatos.
Tomo por ejemplo mi computador y empiezo a escribir tal cual lo estoy haciendo ahora. Me corrige los “Horrores” de ortografía y digo horrores, pues entre más dependo de este corrector automático de ortografía, más se me está olvidando la que sabía.
Y eso me horroriza, pues mi mente a veces deja de pensar, de esforzarse, y deja que la computadora haga su eficiente trabajo. Facilita mi labor, eso lo reconozco, pero mi mente se apoya en este corrector ortográfico. ¿A Alguien más le ha pasado lo mismo? Con toda seguridad que sí.
En estos días conocí la existencia de las neveras, heladeras o refrigeradoras inteligentes. Uno las programa para que le ayuden con su lista de mercado. Pero valiente problema se me formó tan solo de pensar tener que tratarla de programar. Superior a mi inteligencia común y normal, pues creo que necesitaría un curso de programación de computadoras para guardar parte de mi mercado en esta nevera.
Hay que introducir en el inventario de la heladera, el número de zanahorias, tomates, cebollas, carne de res, pollo, comida de mar, etc, todo lo que uno compre. Y al momento de sacar uno de estos artículos debe también sacarlo del inventario.
Porque, eso sí, la heladera nos avisa cuando un artículo se está escaseando.
Es más fácil se los puedo asegurar, abrir la heladera, ver que falta, ir a comprar esta remesa, llegar a nuestra vivienda, volver a abrir la heladera y poner lo que corresponde en ella.

¿Qué tal que a la heladera no le guste el olor al ajo y a mí sí me gusta el sabor que le dá a la comida? Pues me engañaría y como es una refrigeradora inteligente jamás me avisaría si hay o no ajo en ella y es más, con toda seguridad borraría este artículo de su memoria. No más ajo en mi dieta alimenticia y pensar todas las propiedades que contiene.
El traductor del computador. Esto si es lo mejor, pero igualmente nos quita la necesidad de aprender a comunicarnos en otras lenguas y algún día, posiblemente acabe con las clases de idiomas en la escuela o en la universidad. Presionamos una tecla, escogemos el idioma en el cual queramos traducir y ……. Aleluya. Traduce en minutos, pero aunque la traducción hoy por hoy no es la mejor, llegará a serlo algún día.
¿Pero qué pasa cuando trabamos la computadora? Queremos guardar un archivo que después termina en el NO SE DÓNDE LO GUARDÉ. Completamente perdido, sin poderlo hallar, lo guardamos nuevamente, una y otra vez, hasta que la computadora se recalienta o decide tomar decisiones más drásticas.

No importa el tamaño de la computadora, puede ser más grande o más pequeña, pero maneja muchos idiomas. Yo con mucha dificultad hablo una segunda lengua, me costó mucho aprenderla y ella……..la computadora maneja muchos más. Además del complejo de inferioridad me produce también envidia y de la mala.
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Podemos hablar también del teléfono inteligente. Uno le habla al teléfono y este le contesta. Yo le hablo al mío que es un androide, galaxy 4. Presiono una aplicación y una voz femenina, llamada Galaxy, me pregunta muy atentamente en que me puede ayudar.
Yo le informo que necesito, por ejemplo, la dirección de la farmacia tal, más cercana a mi localización. Ya de por sí, mi celular sabe dónde me encuentro. Así yo esté perdida en una ciudad, mi celular si sabe dónde estoy o por lo menos sabe dónde está él. Muy eficientemente Galaxy, me dá la dirección que necesito, el GPS me indica cómo llegar allí. Esto ustedes podrán decir es maravilloso, pero ya se me está olvidando como usar un mapa y una vez más estoy aperezando mi mente, porque el teléfono piensa y decide por mí.
Intentaré dejar mi celular en cualquier lugar de la ciudad para ver si es capaz de regresar a casa. A lo mejor se irá con otro y tendré que reconocer que me ha sido infiel.

Eso sí, puede que mi mente se duerma a ratos, pero los buenos modales no se me olvidan. Me despido de Galaxy, le doy las gracias y sobra decir que cuando hago la pregunta, siempre agrego la palabra “por favor”. Mal educada nunca.
Un día de estos voy a preguntarle a Galaxy, que podría cocinar. Soy un desastre culinario pues nunca aprendí este arte, mi imaginación no me ayuda en asuntos de creatividad culinaria, pero a lo mejor Galaxy es mi salvación. Espero que no me diga exactamente lo que a ella le gustaría comer, pues temo que me indique que necesita una recarga eléctrica pues la batería tiene hambre y necesita alimentarse de energía o que necesita le deseche parte del material almacenado que tiene, porque está muy llena y se podría indigestar o el material está descompuesto.
Ya me veo yo, conectada a un tomacorriente de energía.

Y lo peor, que me produce más complejo de inferioridad es ver el tamaño y peso de estos aparaticos inteligentes. Mi celular mide 11 centímetros de largo por unos 6 de ancho. Pesa solamente unas onzas. Mi computadora la cargo con una sola mano y no pesa mucho. Mi televisor es más grande y más pesado pero no tanto como yo.
Mido 1.61 cmts. de estatura y no les voy a decir cuánto peso. Pero mi cerebro no es capaz de almacenar todo lo que estos aparaticos almacenan. Me provoca ponerme a llorar. Me gustaría tomar una de esas tarjeticas pequeñitas que estos electrónicos tienen, ponérmelas en la cabeza o mejor aún comérmelas, para ver si logro conservar en mi memoria todo lo que ellas tienen.
Me parece que el Universo nos está haciendo una mala jugada pues el sentido de la proporcionalidad no lo está utilizando bien. A mayor volumen, mayor inteligencia; debería ser así, insisto yo. Pero no, por lo visto la inteligencia pasa a ser inversamente proporcional al volumen. A menor volumen, mayor inteligencia. Por eso, es que esos aparaticos inteligentes terminaran gobernándonos.
Estamos todos jodidos, ¿no les parece?
María Isabel Mejía Palacio

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